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martes, febrero 20, 2007

La grabación en sí

Michel Turnier cuenta la historia de un rey en búsqueda de un cocinero para la corte. Sólo uno será seleccionado; quien falle en el intento será decapitado. Aún así se presentan dos. El rey establece dos domingos para determinar al elegido y para ello invita a toda la corte. Llega el primer domingo y entre los múltiples platillos que salen de la cocina, no hay uno sólo que no descreste a los comensales. El sublime esplendor en la disposición de la mesa revela al paladar una delicadeza en la mezcla de los ingredientes que sorprende por su ingeniosa singularidad. Nadie en la corte le apuesta al competidor. Pero el rey es justo y sabe que se ha comprometido a darle al otro una oportunidad. Cuál no sería la sorpresa cuando llega el esperado día y plato por plato los comensales son servidos con la composición exacta del cocinero anterior. Está ahora en manos del rey tomar una decisión. Tras buscar las palabras adecuadas, manda a llamar a los dos cocineros y le dice al primero: Te declaro el creador de la corte. Serás el encargado de sorprendernos con la sutileza de tus innovaciones. Tú -le dice al segundo- serás el sumo sacerdote de nuestras inclinaciones culinarias. Serás el encargado de velar por el sagrado orden de los ritos y costumbres de esta corte.

Van Meegeren, sin embargo, no contó con la sabiduría de un rey. Por el contrario, se vio en la penosa situación de sufrir las consecuencias de la desfachatada exhibición de vanidad de un puñado de coleccionistas iracundos. Descubrí con cierto deleite el otro día, que también Glenn Gould sentía una fascinación por este caso y tomo de él los datos para relatarles los sucesos que llevaron a este genio a la infamia.

Van Meegeren fue un artesano que dedicó su vida al estudio de la técnica consagrada por Vermeer. Sintiéndose a la par del maestro, decidió en los años 30 poner su habilidad a prueba: comenzó a distribuir su producción bajo el sello de genuinas obras maestras refundidas en los avatares del tiempo. Tuvo tanto éxito, que ya entrada la guerra, continuó en el negocio involucrándose con algunos coleccionistas privados que trabajaban para el tercer Reich. Fue así como al finalizar la guerra tuvo que soportar cargos por complicidad y enriquecimiento ilícito. En su defensa, Van Meegeren declaró la verdad, arguyendo que tales obras no eran meritorias de tanta atención. Su confesión despertó tal ira entre los críticos e historiadores que le habían dado el visto bueno a su producción, que lograron culparlo por fraude, haciéndolo perecer años más tarde en la cárcel.

Gould trae a colación esta historia a raíz de lo que él llama el síndrome de Van Meegeren, según el cual se mide el valor de una obra de arte no por lo que es, sino por lo que significa. La crítica va dirigida a la historia musical, una historia que al basarse en giros estilísticos para demarcar sus momentos claves, termina confiriéndole mayor importancia a aquellos directamente implicados en la anticipación o la misma construcción de tales momentos, que a los momentos musicales en sí. El pronunciamiento está finamente entrelazado en su argumentación a favor de las posibilidades implícitas en las tecnologías de grabación y pone en duda la jerarquía creada dentro de la profesión musical. Más allá de criticar a aquellos que temen por los valores morales en el proceso de grabación o a aquellos que echan de menos la 'comunicación mística' entre instrumentistas y público, Gould relativiza la importancia no sólo del compositor, sino del propio instrumentista, dirigiendo la atención hacia los productores e ingenieros de sonido. Su meta es poner la grabación en el lugar que se merece: no como la prueba histórica de un instante en el tiempo, la captura de un momento efímero, sino como lo que es, una obra de arte que echa mano de sus propias posibilidades.

3 Comments:

Blogger Gabriel Cerini comenta...

Hola, andaba rastreando un poco y enviándole a un amigo un link a tu pdf del ensayo sobre los procesos de estructuración etc etc en schaeffer y smalley en la escucha de música electroacústica y me encuentro con la gratísima sorpresa de tu blog que empiezo a hojear. Me gusta la historia de Gould, de paso yo conozco a un músico que vive en Mallorca y es un duende que tiene una obra directamente tallada en disco. Se llama Antoni Caimari i Alomar. Anda por internet una biografía suya bastante buena. Me felicito por el encuentro. Ya diré otras cosas ... (música de fondo Mikrophonie II de Stockhausen)

9:39 PM  
Blogger Gabriel Cerini comenta...

A propósito, leíste el libro de Evan Eisenberg "The Recording Angel"? Un ensayo titulado Phonographie ha sido para mí de gran ayuda.

8:54 AM  
Anonymous José Antonio comenta...

Ananay, no sé si te acuerdas de que nos conocimos hace un par de años, pero eso no importa.

Hay un libro bellísimo sobre Glenn Gould, maravilloso, ¨Glenn Gould piano solo¨, en francés, no sé si está traducido al español. Ojalá lo encuentres lo leas, merece la pena.

Jose

9:01 PM  

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