Sobre los derechos de autor
Con los peligrosos adelantos tecnológicos que permiten cada día difundir información con mayor facilidad, los ingleses andan especialmente paranóicos con el tema de los derechos de autor. Todo el que aspire a ser un investigador de cierta talla, tiene que saber algo sobre el tema. Porque eso de trabajar alrededor de la creación de otros, puede acarrearle problemas no sólo al investigador, sino sobre todo al interesado en comprar su trabajo. Los que se sienten potencialmente amenazados, actúan como cazarecompensas en busca de quienes usan sus invenciones sin permiso. Suponen que la piratería parará su entrada regular de regalías, o por lo menos actúan como si ese fuera justificación suficiente para hacerse a unos pesitos de más.
Yo siempre pienso todo desde mi cómoda situación académica. A mí me pagan por producir conocimiento, independientemente de si ese conocimiento va a revolucionar el mundo o no. Si publico libros, y digamos que entre mi medio, y digamos que fuera internacional, tuviera un relativo éxito, ya entre los países más desarrollados se encargarán de mandarme algunas regalías. Pero seguiré recibiendo mi salario de la universidad y no me imagino que podría ofenderme porque generaciones y generaciones de mis alumnos lean las fotocopias de mis escritos. Lo que sí me interesa es que me lean y que me citen, porque indirectamente es eso lo que me permite vivir.
Por eso no estoy de acuerdo con el uso en masa del conocimiento ajeno. Una cosa es que mis escritos, o mi música o lo que sea que considere propio, se difunda por el mundo entero, otra muy diferente es que alguien diferente a mí se haga rico con eso. Es el caso de la rabieta de Gabriel García Márquez cuando hace algunos años se pasó de Oveja Negra a Editorial Norma. Porque permitir a través de precios mal puestos que sus lectores compren copias de libros con los cuales se está enriqueciendo un tercero, ya no es tan chévere: al regular el precio deja de ser atractivo comprar copias pirata.
En el fondo algo parecido pasa con las distribuidoras discográficas, que se enriquecen con la venta de discos, y no por los conciertos y otras entradas que tenga el músico y al que en últimas lo que le interesa es que su música se distribuya. Vale notar que actualmente las distribuidoras discográficas son las mayores inversionistas en sitios como myspace y YouTube, porque representa para ellas un medio publicitario barato. Pero son también ellas las que ponen el grito en el cielo cada vez que en los mismos espacios ocurre algo que no les conviene del todo. Por eso es que Creative Commons es una alternativa tan válida, porque busca una salida que beneficie al creador más que a los intermediarios, el tercero en este caso.
El hip-hop, 'que se consolida en torno a discursos que van en contra del Estado', como escribe Alejandro, lo hace, entre otras cosas, desde algo a la vez tan simple y sofisticado como lo es el uso de la cita. El muestreo o sampling de otros tracks, que en otros círculos musicales es motivo de demanda, es aquí bienvenido y esperado. De hecho, es un honor ser sampleado, porque le reconoce al track sampleado algún significado dentro de la cultura en cuestión. El significado puede estar relacionado simplemente con la calidad de la muestra, con la letra de la otra canción, con lo que ese otro track se convirtió con el tiempo, en fin, los significados son variados y atribuidos de manera arbitraria, pero existen y se reconcen dentro de las culturas como tal, porque dentro de la cultura está en boca de todos. Lo interesante aquí es cómo la lógica de los derechos de autor es subvertida de una manera musicalmente tan legítima.
El problema es cuando se sale de la cultura y hacen hits de discoteca con una muestra tomada de otra cultura, por lo general con menos poder monetario y por lo tanto, político. Como escribe Horacio, '¿la piratería no estaba bien cuando la practica(ba)n las potencias centrales, asaltando barcos, robando islas, y ahora apoderándose del petróleo que necesitan sin importar qué sucede con sus legítimos dueños?' Por no citar los casos patéticos de los que cuenta Feld, leí hace unos días sobre el caso de unos argentinos que pusieron un video en YouTube y al poco tiempo Coca-Cola tenía un comercial casualmente igualitico. ¿Qué le cuesta a una empresa como Coca-Cola, contactar al par de creativos y darles unos pesos a cambio?
Casos menos rimbombantes, pero no por eso menos sucios, pasan a diario en la academia. El Departamento de Música de Columbia University, por ejemplo, no acepta el español como lengua académica, sólo como lengua para el trabajo de campo. Es decir que las publicaciones en español no son válidas. Es decir, que citar publicaciones en español no tiene prestigio alguno. Es decir, que leer textos publicados en español, escribir el artículo equivalente en inglés, digamos que no literalmente traducido, pero sí haciendo uso de las ideas, es legítimo. En otras palabras, lo que dicha universidad hace posible es neutralizar el robo al excluir arbitrariamente una subcultura económicamente menos favorecida de la cultura académica internacional.
En relación con la traducción les tengo otro ejemplo de las sutilezas sobre las que están basadas las leyes de propiedad intelectual. Cabe suponer que la traducción, por razones obvias, está prohibida sin consentimiento del autor. Sólo que la traducción no se limita a lo que normalmente entedemos bajo esa palabra: la traducción de una lengua para otra. En el contexto de las leyes de derechos de autor, la traducción (translation) significa también la transferencia de un formato para otro. Fotocopiar o quemar, por ejemplo, pero también subir el CD recién comprado al propio computador, es un acto ilegal. Algo que en la práctica no tiene ninguna relevancia pero que se puede convertir en un problema si uno trabaja como investigador y necesita analizar obras musicales con softwares apropiados, como veremos más adelante.
O si uno trabaja como profesor y anda mostrando ejemplos musicales desde su laptop. Veamos para la muestra el caso de un profesor, que también trabajaba para la British Library y que gracias a eso tenía una que otra copia de música a la que de otra manera no hubiera podido acceder. Para mí es claro que el hombre no tenía pensado armar rancho aparte, ni mucho menos. Aunque no conozco la situación concreta, yo apostaría que estaba tratando de difundir el archivo sonoro de la biblioteca, porque de hecho aún se dedica a lo mismo. Lo cierto es que recibió una carta de sus superiores con amenaza de demanda, a lo que siguió su renuncia.
Así las cosas, lo de menos es copiar. El problema está en quedarse con el crédito y usarlo en beneficio propio. Para contrarrestar, en cambio, tanta paranoia alrededor del tema y dejarse de tantas sutilezas que definitivamente no están a la par de los adelantos tecnológicos, el reconocerle el crédito a quien corresponda debe ser tomado como un acto político. Pero más que reconocer créditos, es un acto político usar la red para poner el propio conocimiento al servicio de todos y a la vez usar y abusar el conocimiento ajeno para seguir creando conocimiento. Conocimiento en forma de música o de lo que sea.

3 Comments:
zzzzzzzz
que aburrido
zzzzzzzz
si, lo mismo digo. zzzzzzzzzz
Dear Ananay:
Have you became ill? This commentary is very hard to understand. What is the main idea? What do you want to say?
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