sonido·con·texto


Free Hit Counter

miércoles, noviembre 15, 2006

¿Una cosa de locos?

Cuando la gente quiere recalcar lo loco que era Glenn Gould, sale con la historia de Gould bailando en el estudio mientras le ponían a escuchar sus propias grabaciones, en bastantes casos, de Bach. Bailaba hasta el cansancio. Está documentado.

Que mi papá moviera sus manos al movimiento de un concierto para piano, un gesto con el que crecí escuchando, me resultaba de un amanerado subido de tono cuando estaba frente a mis amigos.

Ana siempre ha dicho que la música que le gusta es la que la pone a bailar. O por lo menos lo usa como argumento para decir que una música no le gusta: no me pone a bailar, dice. Llevo años oyéndola decir eso, aplicándolo hasta para nuestra querida música electroacústica. Siempre asiento, pero creo que nunca me había visto forzada a llegar hasta las últimas consecuencias. Ni siquiera después de tanto Denis Smalley, ni siquiera después del curso intensivo de gaita, ni siquiera después de ver a Akram Khan.

Cuando vi a Sir John Eliot Gardiner dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Londres por fin entendí. Hubo un momento, el más álgido de la Sinfonía no.8 de Dvořák, en el que creí que iba a saltar, a comenzar a poguear. Estoy convencida de que no lo hizo por puro decoro. Por lo menos esa fue mi razón para no hacerlo. Fue emocionante ver cómo anticipaba exactamente el contorno, la forma, dinámica y hasta el carácter de cada sonido. Y los instrumentistas respondían a sus gestos como cualquiera lo haría, si sólo pudiera: un gesto amplio, un sonido con una textura amplia; una mano que regresa, un sonido que se cierra, que se recoge; una indicación delicada para frenar, un sonido más seco, apagado; la mano cerrándose mientras el otro brazo se levanta, un cruce de sonidos, un cross-fade disparejo. ¿Cómo podría ser diferente?

2 Comments:

Blogger none comenta...

See more information on Cheap Airfare here.

8:38 AM  
Blogger Gabriel Cerini comenta...

Lo de lo loco que era Gould tiene que ver con una consideración anglosajona del movimiento. Por otro lado recuerdo a mi hijita (hoy 17) cuando era niña chiquita bailar con el ruido de las topadoras que trabajaban en una construcción en la ciudad donde vivíamos en aquella época. Claro que para ella los ruidos eran música acostumbrada como estaba al uso que yo hacía de ellos. Pero la actitud no sorprende y más bien al contrario divierte y entusiasma cuando son niños. El problema es que al ser adultos pocos se lo permiten. Yo bailo con Glenn a la distancia. Gracias por traerlo.

10:38 AM  

Publicar un comentario

<< Home