Del interpretar
El sábado 7 el grupo Bang in a Can All-Stars tocó la Música para aeropuerto de Brian Eno. Tenía que ver eso, pues en principio todo estaba tan mal que no me lo podía perder. Vale decir que no era la única con curiosidad, pues el público era abundante.
Entrada la década de los setenta Brian Eno empezó a teorizar sobre la función de la música en la sociedad actual. Existía ya todo un género de música para ascensor, para dentistería y supermercados, el muzak. En inglés se le llama también música papel de colgadura. Como las figuras en la pared, es una parte decorativa del ambiente que nadie está oyendo. Pero si nadie la estaba oyendo, pensó, podía de la misma manera prescindir de formas musicales tradicionales y ser elaborada a partir de pinceladas sueltas que se confundieran con el ambiente, pero al mismo tiempo lo caracterizaran y sobre todo, lo amenizaran. Compuso como primer intento de un género que vendría a llamarse ambient music, esta obra de tres movimientos, muy acorde con la corriente minimalista de la época. Obra sutil, repetitiva, alegórica de los sonidos típicos de un aeropuerto. Obviamente, pues la especificidad de su función así lo exige, una obra para soporte fijo.
¿A qué viene entonces una interpretación en vivo? Bang in a Can alega un juego de reinterpretación. Así las cosas, la propuesta pone todo de cabeza. Por un lado, está acabando de base con la intención incial de Eno. Presentarla en vivo implica la exigencia de un público, que de otra manera no estaría. En vez de personas afanadas, preocupadas y ansiosas, desatentas a los millones de ruidos a su alrededor, un público atento e interesado en la puesta en escena. En vez de sonidos abstractos, sonidos sin una causa aparente, más allá de su proveniencia por altoparlantes, un conjunto compuesto de un percusionista, una cellista, una teclista y un guitarrista eléctrico, generando una serie de sonidos no tradicionales. Sonidos más llenos, más vivos, sobre todo más apropiados para esta nueva interpretación.
Pero ¿qué es lo que interpretan? Como muchas de las obras generadas a partir de medios electrónicos, generadas sonoramente por el propio compositor, tampoco esta obra debía contar con una partitura. Si los músicos tenían partituras, el trabajo debió haber sido hecho a cabalidad: fue sacada a oído. Pero ¿qué tipo de partitura sería esa? Ya no se trata aquí de una partitura prescriptiva, una serie de instrucciones que a los instrumentistas les cabe interpretar. De eso se trata justamente el trabajo compositivo sobre soporte fijo, que ya no hay nadie mediando entre las ideas de un compositor y el público. Es, en principio, el propio compositor el que se encarga de diseñar el resultado sonoro. Ya no existe ese eterno cuestionamiento del intérprete sobre si sería eso lo que el compositor quería decir. Lo que el compositor quería decir ya está dicho y está ahí, en algún soporte fijo. Cuando entonces alguien llega y transcribe aquello que escuchó, está creando una representación de lo escuchado, una descripción de su propia interpretación. Si además un instrumentista llega e interpreta nuevamente esa nueva partitura, se crea un dilema adicional.
El dilema estaría relacionado, pues, con la fidelidad: por un lado, la fidelidad a la partitura, por el otro, a la grabación. Pero si ya de base se rompió con la concepción inicial del compositor, ¿qué más da la fidelidad? Serle fiel a una partitura y dejarla a la libre interpretación y reinterpretación es seguramente tan válido como alegar una fidelidad a la grabación. La grabación como una representación sonoramente más fiel a las intenciones del compositor.
No deja de ser una propuesta curiosa. Mi interés se centró entonces en la actitud de las personas. Como no era un espacio convencional el que albergaba el evento, sino un espacio abierto al público, era difícil juzgar. Vi lo que quise ver: mucha gente distraída, aburrida, echando globos o conversando, casi como en un aeropuerto. Pero cuando al día siguiente fui a ver otro repertorio del mismo grupo, ya sin tantas ideas en la cabeza sino con un genuino interés por la música en sí, lo que había interpretado como un triunfo por validar mi teoría, pasó a ser no sólo un público ruidoso, sino sobre todo, irrespetuoso.

1 Comments:
Las intenciones del artista siempre se ven pervertidas por el público y en el caso de las artes como la música o el teatro. ¿Ud. cree que las óperas de Monteverdi, la música acuática de Händel, las obras de Brecht o la muy cercana a Eno música de amueblamiento de Satie (o cualquiera de sus músicas) son tocadas como 'deberían'?
El tiempo cambia la perspectiva sobre las cosas y nos hace ver como objetos cosas que fueron destinadas a ser fondos. Los medios y nuestro carácter de groupie -sí, todos lo tenemos- nos hacen ignorar los contextos e intenciones originales para transformar y PERVERTIR la obra.
¡Viva la herejía por incomprensión!
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