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martes, octubre 03, 2006

Algunos temas, una sola experiencia

Los músicos de la London Sinfonietta ya están dispuestos alrededor de una estera, cuando entra un negro con una silla en la mano y se sienta frente a un micrófono mirando hacia al público. Hola, dice. Tras un silencio corto, bien, gracias. Silencio. Mjm. Silencio. No, en realidad no. Silencio. El hombre empieza a dar explicaciones no muy claras, respuestas a preguntas que no son evidentes. De pronto el director musical, Alan Pierson, se le acerca y le susurra algo, aludiendo a la necesidad de comenzar. El negro pide disculpas pero sigue azarado por las preguntas del otro que no está. Finalmente dice: Mire, lo que pasa es que de donde yo vengo no existe tal cosa. Mejor dicho, no existe la música como tal, separada de la danza, ni la danza separada de la música. Una viene con la otra. Y sí, se me ha convertido en un reto, si así lo quiere. Pero en este proceso he aprendido a sentir la danza en la música y a escuchar la música en la danza, si me explico...

El director comienza a tocar interrumpiendo al negro. Este se voltea, aparta la silla del centro del escenario y se empieza a mover al son de Variaciones para vibráfonos, pianos y cuerdas de Steve Reich. Tímido al comienzo, se va apropiando lentamente del espacio. Los movimientos son amplios, parecen imitar animales, recrean los movimientos estereotípicos de rituales africanos, si es que se puede decir tal cosa. Más adelante entra un bailarín oriental. El negro se aparta, mientras éste hace una lectura del espacio. Finalmente entra un hombre de rasgos latinos aunque el nombre sugiere que se trata de un moro.

No hay un segundo de la obra que permita distracción. Los cuerpos siempre están proponiendo nuevas maneras de escuchar la música, realzan la gestualidad implícita en el fraseo, destacan cada voz por separado, pero también su interacción, juegan con el espacio, los espacios, el físico, pero también el de los músicos y el propio, de la danza. El director se permite la entrada a la estera, los bailarines lo imitan. La música genera danza. Dan ganas de salir y acompañarlos. Pero también es la danza la que genera la música. Ninguna parece existir sin la otra.

El negro es Akram Khan, director y coreógrafo de la compañía que lleva su nombre. Muy diferente a la obra anterior, también 'usando' la música de Steve Reich, como se describen en las notas de programa. Fue justamente esa otra obra la que me hizo pensar en el extremo al que me había llevado la situación acusmática, la escucha ciega, sin ningún apoyo visual, tan típico de los géneros electrónicos. ¿Es la situación en vivo multimediática? En Analysing musical multimedia, Cook se atreve a tocar el tema. ¿Cuál es el límite para llamar un medio de medio y qué hace que pasado ese límite se hable de una situación multimediática? Inteligentemente, le da algunas vueltas al asunto sin realmente proponer una respuesta. Todo esto para decir que la Richard Alston Dance Company nos hubiera podido haber ahorrado la coreografía. La primera compañía de las tres, Rosas, en cambio, se curó en salud y escogió Piano Phase y Violin Phase, ambas en soporte fijo. Una sencilla pero bella lectura de esta música, basada sobre todo en los juegos de polaridad rítmica y en la circularidad de ambas piezas.

El trabajo de Abram Khan, sin embargo, fue brillante. Tocó varios de mis temas favoritos de la temporada. El de las notas de programa, por ejemplo, ese manual de instrucciones para obras cargadas de buenas intenciones. ¿Qué es el comienzo de la obra sino un intento de dar explicaciones veladas? Pero la manera en que las hace es interesante, pues el personaje intrépido, el entrevistador imaginario, no se contenta con respuestas simples. Su insistencia se vuelve molesta para el entrevistado, quien contesta de buena fe pero es una y otra vez malinterpretado. Es el analista, tal vez el analista académico, con sus estructuras de pensamiento rígidas, que irrita al bailarín.

Y he aquí mi otro tema. ¿Qué es eso de música? Si, como dice él, la música en algún lugar es impensable sin la danza, ¿cómo es posible que hagamos grabaciones sonoras para reproducirlas en la sala de una casa como música de tal sitio? Hace una experiencia sonora, pero en todo caso, una experiencia sonora truncada. Truncada porque no es asumida. Se me ocurre un ejemplo: ¿qué tal que un personaje de otra cultura llegara y grabara lo que pasa en una sala de cine y volviera a su lugar de origen vendiendo su grabación sonora como música? Se necesita una buena dosis de sinvergüencería, o al menos de mucho humor para hacer una cosa tal. O a falta de las dos, de unas notas de programa tan explicativas, que sean justificación suficiente para la creación de un nuevo género. Los académicos se inventaron el género del paisaje sonoro. Las discográficas venden sus grabaciones bajo el rótulo de World Music.

Lo de la música que se construye junto con la danza lo viví en carne propia hace poco. Fue una experiencia reveladora bailar con bailarines-músicos y también con músicos-bailarines. Fue también una experiencia viva en relación con la gestualidad como explicada por Smalley, uno de mis autores preferidos un par de años atrás. Pero sobre todo, fue una experiencia de creación. De creación conjunta. Como la recreación de las piezas de Steve Reich. En fin, seguiré los pasos de Akram Khan. Me dio buenos motivos.

1 Comments:

Blogger Ananay Aguilar comenta...

Recibí esto el otro día:

El negro NO es Akram Khan. El negro es Gregory Maqoma. Pero hay un hombre de rasgos latinos aunque el nombre sugiere que se trata de un moro - Akram Khan. Inglês originário de Bangladesh. Does that change anything for you???

Well, it actually does, pero para bien, ¿no?

1:09 PM  

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