Networking
Después de un no tan corto y muy provechoso paso por Nueva York y alrededores, me hice una idea aproximada de lo que puede esperarse de una biblioteca universitaria gringa. Algo que siempre me ha fascinado desde el día en que entré a la bilioteca de la Universidad de Texas en Austin, cuando todavía soñaba con estudiar con Gérard Béhague, es la estantería de revistas. Es el lugar a partir del cual paso a medir el tamaño de una biblioteca y con eso el potencial de una universidad. Una prueba de fuego es entonces coger una revista que llame mi atención, ir en busca de un artículo interesante y enseguida revisar la bibliografía. Si toda la bibliografía está en la misma biblioteca, la biblioteca es un hit. En estudios musicales latinoamericanos la Universidad de Texas, sin embargo, queda fuera de concurso, pues sólo es superada por Indiana. Dependiendo de la revista, la prueba de la estantería funciona bastante bien en cualquier universidad. Sólo hay que tener un olfato para los temas que se tratan en cada una. Pero antes que nada, y eso por un simple cálculo de probabilidades, vale la pena considerar su tamaño.
Pues sí, las universidades gringas hacen un gran despliegue de recursos. Los estudiantes de doctorado hablan de sus maravillosas becas que obtuvieron desde el momento en que fueron aceptados y se jactan de los juguetes que vienen incluidos en el paquete: oficinas propias con computadores y otros dipositivos electrónicos de última generación, portátil para trabajar en la casa, cursos de idiomas en los países de origen, tiquetes para el trabajo de campo y conferencias, y sobre todo, todo un repertorio de fuentes de financiación adicionales. Trabajar además con investigadores de talla mundial no es tan difícil si se tiene en cuenta que Estados Unidos se considera a sí mismo como el propio mundo académico, pero aún así, hay entre ellos uno que otro que se destaca intelectualmente entre los cientos de académicos, y como en el caso de MIT, a veces varios de ellos se encuentran reunidos hasta en un mismo piso.
Después de ese generoso paseo, cuál sería mi sorpresa al llegar a Royal Holloway, una de las ramas de la Universidad de Londres que tiene su sede en una vereda del condado de Surrey llamada Egham. Una universidad que se destaca, entre otras cosas, por contar con Nicholas Cook. Pero vale decir que si algo es cierto, es que Royal Holloway es por lo menos tan desconocida como Cook es conocido. Una vez allá constaté que sí, que se trata efectivamente de un castillo increíble, todo él lleno de alegorías al imaginario harrypotteriano, pero de puertas para adentro, nada de becas, ni mucho menos nada que se parezca a una oficina para ningún tipo de estudiante. A cambio, salas de computadores siempre llenas y calientes y para el descanso, dos o tres comedores donde sirven una comida de la cual ni les cuento. Entrar al Departamento de Música puede llegar a ser toda una aventura, sobre todo si uno se identifica con alguno de los personajes tan misteriosos como secundarios que cuecen sus brebajes en Hogwarts. Una casita perdida en el bosque, esconde su biblioteca detrás de varios laberintos. Ante esta situación, ¿todavía necesitan que les describa la estantería de revistas?
Muy bien, pero entonces ¿cómo diablos vino Cook a parar ahí? Un musicólogo que dirige uno de los proyectos más ambiciosos del mundo musical y que publica lo que quiere con la Oxford Press, siempre tratando temas de actualidad, ¿qué lo haría considerar ese lugar? Además, según tengo entendido, sólo recientemente vino a parar allá, por lo que cabría esperar que está ahora en mejores condiciones que nunca. Claro, es posible que algún asunto familiar explique todo, pero por ahora me aventuraré a dar una justificación mejor.
Fue también durante mi estadía en Nueva York, y mientras trataba de explicarle a mi querida tía el porqué de mis cotidianas rumbas, cuando surgió el concepto del networking. Me explicaba ella, que había estudios que describían cómo las decisiones más importantes no necesariamente se tomaban en las cúpulas de las escalas jerárquicas, sino muchas veces en grados intermedios. En vez de apuntar hacia arriba, los agentes intermedios apuntaban hacia agentes laterales sin que éstos tuvieran que estar ligados formalmente a la estructura en cuestión. Networking, la activa creación de redes, puede llevar así a la consolidación de redes tácticas lo suficientemente fuertes para derribar cualquier estructura de poder. Al menos quedó justificada la rumba.
Cuánto de su tiempo Cook le dedica a la rumba propiamente dicha, no sé. Pero si no es mucho, debe haber otras maneras no menos aburridas de hacer networking. Mientras discutía con él acerca de mi proyecto pobremente delineado, caí en cuenta de lo que significaba estar en un cuartucho mágico al que había llegado por escaleras curvas y recovecos varios. En realidad estaba montada en un teletransportador. En vez de permanecer anclado al peso de una gigantesca universidad, Cook dedica su día a día al tejido de una inmensa red de contactos dispersos en las más prestigiosas universidades e instituciones inglesas. Como si fuera poco, su agenda está llena de viajes a los lugares más recónditos del mundo. Viene de Brasilia y va para Amsterdam, para en Royal Holloway de camino entre su casa y la British Library, tiene estudiantes de y por todo el mundo -Chipre, Estados Unidos, Grecia y Colombia- lo asiste un personaje directamente importado de Stanford, contesta los mails en tiempos record y no quiere que le entreguemos nada impreso porque le da hartera cargarlo.
Poco le importó que le dijera que no sabía nada acerca del proyecto que me estoy ideando. Se da el lujo de decir que sólo hace unos pocos meses se dedica a leer por encima textos relacionados con el tema que le da el título al proyecto que dirige. En compensación, ofrece una amplia gama de expertos, que manejan a la perfección cada una de las ramas involucradas. Será sólo una cuestión de desplazamiento y claro, de un inteligente uso de los recursos cibernéticos. Y para que se hagan una idea del lugar sin limitarnos solamente a Cook, les cuento de Tina K. Ramnarine. Es una prestigiosa etnomusicóloga que dedica su investigación a un grupo étnico escandinavo y a algunos géneros caribeños. ¿Qué?, exclamé yo. Claro, me contestó Cook, ella la supo hacer: durante el verano se va para Finlandia, el invierno lo pasa en el Caribe.
Definitivamente, la rumba no lo es todo. O como se mire: hay maneras de convertir la vida en una sola rumba.

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